12 Nov 2016

LEYENDAS DEL CAMINO DE SANTIAGO – LA FUENTE DE LA RENIEGA

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Cuenta la leyenda que después de un tortuosa subida al Monte del Perdón, ese lugar donde el camino del cielo se junta con el de las estrellas, un peregrino llegó prácticamente muerto de sed y cansancio. Después de recuperar algo de aliento comenzó a buscar entre matorrales y piedras una fuente, charco o hilo de agua que pudiera saciar su sed, pero no encontraba nada más que polvo  y tierra.

Mientras seguía en su intento de encontrar el líquido elemento una presencia le interrumpió. El peregrino sediento creyó que aquel hombre con atuendo de peregrino era un compañero de viaje más, pero la escalofriante risa que lucía parecía esconder algo. Aún así, nuestro peregrino le preguntó si conocía alguna fuente cercana donde poder calmar su sed. El peregrino misterioso le contestó que sí, pero que el agua que emanaba de aquella fuente tenía un alto precio. Cuando el peregrino se disponía a sacar su bolsa de monedas, aliviado por haber encontrado agua, el sonriente personaje le dijo que el precio que debía pagar no era económico, sino de fe. Podría beber todo el agua que quisiese si renunciaba a su peregrinación y se entregaba en cuerpo y alma a él, al diablo. El peregrino, de fe inquebrantable no sucumbió a la persuasión del diablo, quién finalmente, cansado de las negativas desapareció entre una nube de azufre.

Abandonado a su suerte y resignado, el peregrino se sumergió en un letargo entre la vida y la muerte desde donde presenció como si de un sueño se tratase como un hombre con aspecto de peregrino descabalgaba de su caballo blanco para golpear con una vieira una piedra cercana y hacer que brotara agua de ella. El ruido del agua despertó al peregrino, y al instante comprendió que ese hombre del que no había ya rastro, no podía haber sido otro que Santiago. El peregrino bebió hasta recuperar su aliento y continuó su viaje agradecido.

Desde entonces la fuente sigue allí saciando la sed de todos los peregrinos, y se tenga sed o no, hay que beber de ella, porque dicen, tiene la virtud de evitar las tentaciones de abandono y conservar los ánimos del peregrino.

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