02 Ene 2017

LEYENDAS DEL CAMINO DE SANTIAGO – EL MISTERIO DE OBANOS

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 A la vuelta de la peregrinación de la princesa Felicia de Aquitania , ésta decidió renunciar a su vida palaciega y no volvió a la corte, quedándose anónimamente como sirvienta, entregando de esta forma su vida a Dios, en el señorío de Amocáin (Navarra), actualmente abandonado. Su hermano Guillén, al ver que no regresó, salió en su búsqueda hasta que la encontró. No pudo soportar que Felicia, renegando de su alcurnia, no atendiese a sus razones y, en un ataque de ira, la mató antes que permitir que siguiese viviendo como una vulgar campesina. En el Misterio se dice que Guillén “…al no poder reducirla / le atravesó el pecho intacto / con una daga moruna / de puño damasquinado“.

A partir de aquí hay dos historias paralelas:

  1. Guillén, tras el fratricidio, asesorado por un monje, también va a Compostela, arrepentido. A su vuelta encuentra consuelo a su pecado entregando su vida a Dios como ermitaño en la ermita de Arnotegui (Obanos, Navarra). Allí vivió hasta su muerte entregado a la meditación y a la atención de peregrinos. Según la tradición popular Guillén fue martirizado en la subida del camino que lleva a la ermita de Arnotegui, existiendo, en dicho sitio, una lápida que así lo indica. Todavía hoy se conservan varios huesos que se le atribuyen. Entre ellos destaca un cráneo que, revestido de plata, se utiliza para bendecir vino en una fiesta religiosa anual. 
  2. Felicia, tenida por mártir, fue enterrada por los señores de Amocáin en la iglesia del lugar. Una mañana vieron que en su sepultura había florecido un clavel blanco y, según cuenta la leyenda, se comprobó que “…el clavel nacía / fragante, esbelto y lozano, / de la herida, fresca aún / su misterio descifrando“. Entendiendo esto como un milagro, destaparon la tumba y, siguiendo las indicaciones del obispo, pasaron su cuerpo al interior de un arca de roble. Una noche el arca desapareció de la iglesia y fue encontrada en el campo. Intentaron devolverla a su sitio pero no pudieron moverla puesto que se volvió muy pesada. El obispo determinó entonces que se pusiera sobre una mula y que ésta decidiese, guiada por Dios, el lugar en el que debía descansar el cuerpo. Tras esta orden el arca volvió a hacerse ligera. El animal recorrió el trayecto desde Amocáin hasta Labiano (Navarra), cayendo exhausto ante la iglesia de San Pablo. Todavía hoy allí se conserva el cuerpo atribuido a Felicia, al parecer incorrupto. Es venerado como el de una santa (que al igual que su hermano está sin canonizar). Según la tradición, si se pasa un pañuelo sobre su ataúd éste prevendrá o curará los males de garganta.
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